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Conseguir agua (4): Potabilización del agua para su consumo

Si contraer un problema de salud en la vida normal ya es de por sí nefasto, en caso de Apocalipsis Zombie, puede ser completamente letal.

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Es por tanto fundamental desconfiar del agua cuya potabilidad no podamos asegurar y tratarla adecuadamente antes de consumirla.

Beber agua no potable nos puede producir diversos trastornos en nuestra salud, desde contraer enfermedades (tales como cólera, disentería, tifoidea, etc.) hasta ser infectados por diversos parásitos, con los trastornos asociados que ello acarrea, con los consecuentes dolores de barriga y gastroenteritis que provocarán nuestra deshidratación, debilidad y posible fallecimiento.

Es por ello que debemos tratar el agua mediante uno, o varios, de los siguientes métodos.

Decantación y filtración

Estos dos métodos podrían considerarse, por así decirlo, como métodos de pretratamiento físico que sirven para eliminar las partículas de cierto tamaño que se encuentran en el agua.

De los dos considero mucho más efectiva la filtración, aunque requiere de más materiales para realizarla, ya que la decantación es tan simple, tanto en resultados como en ejecución, como dejar reposar el agua en un recipiente para que así quede depositado en el fondo las partículas suspendidas para finalmente transvasarlas con cuidado, para no volver a mezclarlas con el agua, a un nuevo recipiente.

La filtración en cambio puede ser tan efectiva, y tan complicada de llevar a cabo, como lo sean los filtros que se utilicen. Estos pueden ser desde filtros de cafeteras de goteo, a trapos limpios, pasando por embudos o vasos comunicantes llenos de material filtrante (que abarca desde carbón activo a resinas, arena, grava o material porcelánico) hasta las membranas de osmosis inversa.

Lo más conveniente sería que dispusiéramos de un filtro purificador comercial, siendo los de 1 micrómetro o menos los que aseguran la máxima eliminación posible de microorganismos, así como sus correspondientes recambios, habiéndolo adquirido con anterioridad al holocausto zombie. Pero como no siempre dispondremos de lo que deberíamos tener, por ello es una situación de supervivencia, deberemos improvisar con lo que tengamos a mano.

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La filtración consiste en pasar el agua a través de un material semipermeable, es decir, que presenta una determinada porosidad, de tal manera que impide el paso de determinadas partículas, en función de su tamaño, pero no del agua, quedando así libre de dichas partículas.

La forma más sencilla de elaborar un filtro consiste en construir uno de varias etapas o filtros mediante una botella de plástico que las contenga o varias secciones superiores de botellas de plástico, introducidas unas dentro de otras y que contienen cada una un diferente elemento filtrante.

Como el flujo de agua a filtrar, en caso de existir diversos filtros consecutivos, ha de ser en el sentido del de menor capacidad de filtrado al de más capacidad de filtrado, ya que de otra forma provocaríamos la obturación del sistema de filtrado, deberemos tenerlo presente a la hora de improvisar nuestro filtro multietapa, colocando el material de filtrado más grueso por delante de los más finos.

Como material de filtrado pueden utilizarse diversos materiales, siempre y cuando estén “limpios”, es decir, no contaminados por substancias que podrían ser arrastradas por el paso del agua. Así, podrían utilizarse cantos rodados, grava, arena, carbón activo, mallas de diferente tamaño de luz, así como ropa o material vegetal, tanto para utilizarlo como filtrante así como para separar las diferentes capas de materiales o para evitar que el agua caiga con fuerza y remueva las diferentes capas.

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Estos filtros improvisados, por muy a conciencia que se hayan construido, no pueden eliminar en su totalidad los elementos nocivos para nosotros presentes en el agua, tales como pesticidas, productos químicos, partículas radioactivas, virus y/o otros elementos patógenos, por lo que es aconsejable, una vez más, adquirir uno comercial cuya capacidad de filtración sea conocida y certificada, destacando por su rendimiento y efectividad los cerámicos con un post-filtro de carbón activo. A pesar de ello, estos filtros improvisados constituirían una muy buena primera etapa de tratamiento, dando paso a las siguientes.

Hervido

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Como la mayoría de microorganismos presentes en el agua que pueden provocar enfermedades se mueren o se inactivan cuando el agua alcanza los 100ºC, la forma más sencilla de eliminarlos es hirviendo el agua que se desea consumir.

El primer hándicap al aplicar este tratamiento consiste en determinar el tiempo necesario que el agua ha de permanecer en ebullición para que mueran la mayoría o totalidad de los microorganismos. En la mayoría de fuentes se cita de 5 a 10 minutos, recomendando que se mantenga durante 20 minutos, dejándola luego enfriar a temperatura ambiente antes de consumirla.

El siguiente hándicap es sobre la propia temperatura de ebullición, ya que menores temperaturas, siempre que sean por encima de los 60ºC, pueden bastar. Esto es especialmente importante a tener en cuenta cuando se aplica esta técnica en alturas elevadas, ya que el punto de ebullición disminuye con la altura, por lo que resulta recomendable dejarla hervir durante más rato del habitual (o hacer servir una olla a presión).

También hay que tener en cuenta que durante la ebullición parte del agua tratada se pierde en forma de vapor de agua, por lo que sería necesario tapar el recipiente o tener otro sistema de recuperación del vapor. Esto que a priori podría parecer una desventaja, posibilita sin embargo la destilación, sistema que parece mucho más complicado pero que es altamente eficiente (cuya explicación dejamos para otro momento).

Posteriormente a su enfriamiento, una vez haya alcanzado la temperatura ambiente, y con el propósito de mejorar su sabor, se aconseja transvasarla repetida veces para que se airee e incluso, añadirle una pizca de sal.

Purificación química

La purificación o desinfección del agua consiste en la adición de ciertos productos que destruyen las bacterias, las algas, los hongos y los virus, aunque contra éstos últimos no se obtienen tan buenos resultados, agitando para mezclarlo bien y dejando transcurrir un tiempo determinado, denominado de reposo o de contacto, entre su adición y su posterior consumo. Los principales productos que se destinan a la desinfección del agua son el cloro y el yodo (denominados halógenos), aunque se pueden utilizar otros como los iones plata, el permanganato potásico, el peróxido de oxigeno, etc. De todos ellos el uso de halógenos se considera el sistema más eficaz, sobretodo en conjunción con otros métodos, si bien es cierto que algunos microorganismos podrían resistir este tratamiento, como por ejemplo, Cryptosporidium, Cyclospora, Toxoplasma, etc.

El uso de halógenos para la purificación del agua le confiere cierto sabor, por lo que para contrarrestarlo se puede disminuir las dosis y aumentar el tiempo de reposo o realizar un posterior filtrado con carbón activo, lo que de paso también eliminaría una posible sobredosis de yodo.

Es importante filtrar previamente el agua turbia para eliminar todo sedimento o materia en suspensión, ya que de otro modo reduciría la eficacia del tratamiento, especialmente en el caso del uso del cloro y de la presencia de materia orgánica en suspensión, o bien duplicar la dosis.

La temperatura del agua también influye en la eficacia de este tratamiento, considerándose óptimas temperaturas por encima de los 25ºC. En caso de temperaturas más bajas se debe aumentar proporcionalmente el tiempo de reposo (hasta duplicarlo por cada 10ºC por debajo de los 25ºC) o templar el agua antes de añadirle el compuesto.

Normalmente se aconseja utilizar productos comerciales específicos para la desinfección y purificación, ya que éstos cuentan con todas las garantías higiénico-sanitarias certificadas y han pasado rigurosos controles de calidad que permiten su comercialización. Normalmente vienen en forma de pastillas aunque también pueden presentarse como polvo o como líquido, lo que en todo caso permite su fácil y precisa dosificación, la cual viene explicada en sus prospectos o envases. El principio activo puede ser cualquiera de los productos químicos anteriormente citados, si bien los de ión plata, aun cuando son populares en Europa, no están permitidos su uso en EEUU y la OMS no lo considera un biocida eficaz, por lo que es aconsejable adquirir los de otro tipo (principalmente cloro o yodo).

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Pero como en caso de ataque zombie es bastante probable que agotemos nuestras reservas de pastillas potabilizadoras, las cuáles habremos tenido la previsión de adquirir previamente pero quizás no en la cantidad suficiente, veamos con que otros productos químicos podemos purificar el agua en caso de necesidad.

El yodo es el primero del que hablaremos ya que es más aconsejable su utilización pues no pierde tanta eficacia como el cloro en presencia de materia orgánica y elimina los protozoos y sus formas quísticos. Pero también presenta ciertos inconvenientes, ya que no debe utilizarse prolongadamente para desinfectar el agua (no más de unas pocas semanas) y ésta nunca debe ser consumida por embarazadas, personas con enfermedades tiroideas o personas con hipersensibilidad conocida a este compuesto. De todas formas el riesgo de utilizar yodo, en general, es bajo. Una sobredosis aguda provocaría el vómito, con el que se expulsaría parte de la misma, y, con respecto a la toxicidad crónica, no es preocupante siempre que se sigan las dosis recomendadas.

La dosificación depende de la presentación del producto, debiendo seguir en todo caso las instrucciones del fabricante. En caso de tratarse de tintura de yodo al 2% se añadirán 5 gotas por litro de agua (10 gotas en caso que el agua esté turbia) y se dejará en reposo durante 30 minutos cuando la temperatura del agua sea de 25ºC o superior, duplicando el tiempo de reposo por cada 10ºC por debajo de la misma. Respecto a la utilización de una solución de povidona yodada al 10%, si bien no está totalmente demostrada su efectividad, su dosificación es de 8 gotas por litro de agua con un tiempo de reposo de 15 minutos o bien de 4 gotas por litro de agua con un tiempo de reposo de 30 minutos, siendo aplicables igualmente lo anteriormente dicho sobre el aumento de la dosis y del tiempo de reposo en caso de turbiedad o temperatura inferior a los 25ºC.

El cloro puede hacerse servir para purificar el agua en cualquiera de sus formatos, siendo la lejía el que nos será más fácil de encontrar y barato de adquirir. Tal y como se ha mencionado anteriormente, no resulta tan fiable como el yodo, especialmente en caso de presencia de materia orgánica en suspensión. Por el contrario, no es tan sensible a la temperatura del agua a la que se aplica, debiendo duplicar el tiempo de reposo por cada 15ºC por debajo de los 25ºC recomendables.

La dosificación de la lejía a utilizar depende nuevamente de la presentación del producto, que puede variar su concentración, siendo la más usual para uso doméstico la que presenta entre un 3’5 y un 5% de concentración, siendo las dosis de entre 2 a 4 gotas por litro (en todo caso siguiendo las instrucciones indicadas por el fabricante).

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Como método orientativo para saber si la dosificación ha sido la correcta, pasado el tiempo de reposo el agua tratada ha de conservar cierto olor a cloro (y en caso de no ser así se recomienda añadir media dosis más y volver a dejarla reposar). Para aquéllos que deseen ser más metódicos existen diversos test-kits o medidores electrónicos de cloro que permiten verificar que, tras su tiempo de reposo, la cantidad de cloro libre presente en el agua tratada oscila entre los 0’2- 1 ppm (mg/l), que es la recomendada para agua de consumo.

Mucho mayor preocupación que por una posible sobredosis por cloro, difícil siguiendo las dosis aquí indicadas, deberemos tener al asegurarnos que la lejía utilizada es apta para la desinfección del agua de consumo, es decir, que no incorpora ningún tipo de perfume o jabón, algo fácil de comprobar leyendo la etiqueta (u observando, tocando y oliendo el producto en caso de carecer de la misma).

Desinfección por ultravioletas

Otro sistema de desinfección del agua es mediante el uso de ultravioletas, ya sea mediante un aparato electrónico específico o por la acción de los rayos del sol. A pesar de que existen modelos portátiles de los primeros, debido a su dependencia energética, nos centraremos en la desinfección por ultravioletas provenientes del sol, ya que es el método más sencillo y en el que menos recursos necesitaremos invertir.

Este sistema de purificación es conocido como el método SODIS y solo necesitaremos disponer de varias botellas transparentes, las de plástico sirven perfectamente, y una superficie, preferiblemente oscura, sobre la que exponerlas a la radiación solar durante un mínimo de 4 a 6 horas (el tiempo de exposición varía en función de la fuente consultada; nosotros aconsejamos el máximo).

Precisamente es el tiempo de tratamiento, tanto mediante luz solar como con aparatos eléctricos de luz UV, el principal inconveniente de este tipo de tratamiento, aunque no es único: no se considera eficaz si el cielo está tapado por nubes en más de su mitad o bien si el agua está turbia, es decir, si no se puede leer un periódico a través de la botella que contiene el agua (algo subsanable filtrándola previamente). Además, algunos tipos de plásticos utilizados para envases de alimentos, incluyendo los destinados para el agua, desprenden estradiol, una hormona sexual que puede afectar la salud, algo fácilmente subsanable cambiando la botella de plástico por una de vidrio. Sea como sea, lo importante es que la botella sea completamente transparente.

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El método es sencillo, se llena la botella con el agua a tratar, limpiado anteriormente la botella y filtrando el agua para que sea clara, en caso que sea necesario, se cierra bien y se expone al sol unas 4-6 horas, aumentando el tiempo de exposición si está nublado. Finalmente el agua se ha de dejar enfriar hasta temperatura ambiente antes de consumirla.

Como se puede apreciar se trata de un método simple y sencillo que está salvando millones de vidas en las zonas más desfavorecidas del planeta que no cuentan con agua potable.

Incluso con una pequeña variante de este sistema se puede llegar a eliminar el arsénico presente en el agua, conociéndose en dicho caso como método SORAS. Se procede de igual modo que con el método anteriormente descrito, pero antes de cerrar la botella se le añaden 3 o 4 gotas de limón y un trozo de 3 o 4 cm de alambre o un poco de lana de acero. Previamente a su consumo, aparte de dejarla enfriar, hay que dejar la botella en posición vertical durante toda una noche para que decante el precipitado que se habrá formado y finalmente filtrarla.

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Por último, mencionar que existe otro prometedor método de purificación del agua también basado en la exposición del agua a tratar a la radiación solar, pero esta vez añadiéndole óxido de titanio (TiO2), que recibe el nombre de Fotocatálisis Heterogénea solar con TiO2 (FH), pero que lamentablemente todavía se encuentra en proceso de desarrollo e investigación, motivo por el cual no lo explicamos, pero si lo mencionamos para que lo tengamos en cuenta y sigamos su evolución.

Riesgos por el consumo de agua no potable en caso de AZ

El mayor riesgo para la salud por el consumo de agua no potable (bebida o utilizada para lavar, cocinar o bañarse) consiste en contraer alguna de las enfermedades infecciosas transmitidas por las bacterias, los virus o los parásitos que pueden estar presentes en ella.

Algunos microorganismos patógenos pueden provocar graves enfermedades como la fiebre tifoidea, el cólera y la Hepatitis A o E, que pueden incluso causar la muerte de las personas afectadas. Otros microorganismos provocan enfermedades menos graves, con síntomas como la diarrea (la cuál puede llegar a ser mortal). Los grupos de población más vulnerables son siempre los niños, personas mayores o grupos inmunodeficientes.

Por otra parte, debido al abandono de las industrias así como de las estaciones depuradoras, es bastante probable que el agua presente diversos compuestos o substancias tóxicas y potencialmente mortales para los supervivientes.

Con respecto a la presencia del agente zombificador en el agua que se vaya a consumir, ya sea por presencia intencionada o accidental del mismo (por ejemplo al caer un zombie en un curso de agua, pozo o depósito), en el caso de tratarse de Solanum se puede afirmar que parece ser que no comporta mayor riesgo que si se tratara de un cadáver común, pero no pudiendo afirmar lo mismo, ya que los estudios realizados hasta el momento no son del todo concluyentes, en los casos en los que el agente zombificador presente fuese el Virus-T, el compuesto 2-4-5 Trioxin o similares.

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Fuente de las imágenes

Imagen 1: AMSE (Asociación de Médicos de Sanidad Exterior)

Imagen 2: ebay.es

Imagen 3: cidta.usal.es

Imagen 4: Mapa del Agua

Imagen 5: taringa.net

Imagen 6: esquiades.com

Imagen 7: Suelo Solar

Imagen 8: Información Mineral y Ambiental

Imagen 9: Llegaron Para Quedarse

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