Bueno, con este último artículo concluiremos, por el momento, la serie de artículos referidos a cómo sobrevivir a un ataque zombie en nuestro piso.

sobrevivir ataque zombie piso

Y para ello repasaremos las tácticas comunitarias e individuales que aconsejamos seguir para maximizar nuestras posibilidades de sobrevivir.

Porque si algo bueno tienen los bloques de edificios, es precisamente lo que también puede ser lo más malo de ellos, sus vecinos.

Potencial humano, ¿ventaja o desventaja?

El potencial humano, la cantidad de gente que habita un edificio, aporta una serie de ventajas, principalmente el poder repartir la carga de trabajo y faenas a realizar, obteniendo mejores resultados y con menos esfuerzo individual. Puede parecer obvio, pero no es lo mismo que una persona esté realizando una guardia 24 horas al día (sería imposible) que repartir esas 24 horas de guardia al día entre seis personas.

Lo principal para que esta estrategia funcione reside en que el ser humano quiera cooperar por el beneficio común, cosa que, dicho de paso, no suele ocurrir en la medida de lo que debiera, muchas veces justificado por el abuso que determinados individuos han hecho de la buena fe de la gente.
Por poner un ejemplo, las plantas bajas de los edificios, especialmente aquéllas que disponen de ventanas u otros accesos al exterior, son las más susceptibles de ser atacadas por los caminantes, debido precisamente a su fácil accesibilidad.

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Pues bien, esto requeriría que las familias que en ellas viviesen fueran reubicadas en otras viviendas de otras plantas menos accesibles, lo que comportaría tener que compartir nuestra vivienda o la de otro con ellas. Posiblemente no todo el mundo estaría dispuesto a hacerlo, y aún dispuestos, sin lugar a dudas surgirían tensiones y roces que menoscabarían la moral del grupo de supervivientes.

Es lo que tiene el ser humano, que somos seres sociables hasta que nos tocan demasiado la moral. Cada uno, obviamente, tiene su límite determinado, más para aquí o más para allá, pero tiene su límite. Y un Apocalipsis zombie puede no ser el momento más indicado para descubrir en dónde se encuentra.

Por eso, la principal habilidad de un superviviente comunitario consiste en ser asertivo: saber escuchar las opiniones de los demás, teniendo paciencia, sin dejarse desautorizar por los demás pero sin imponer sus puntos de vista.

La gente solo hace las cosas por dos motivos, por convencimiento o por obligación. Y para obligar a hacer algo a alguien que no quiere hacerlo, ha de existir un poder punitivo que asegure que cumpla con sus obligaciones. Vamos, que para evitar males mayores, mejor que negociemos e intentemos llegar a acuerdos en los que todos estemos, más o menos, satisfechos, ya que de lo contrario, estamos condenados al fracaso. Y el fracaso en caso de holocausto zombie significa morir, o peor, convertirse en un no muerto.

Esta es la principal idea que debemos tener en la mente. A pesar de las diferencias existentes, de los diferentes puntos de vista, opiniones e intereses, hay uno que prima por encima de todos: el sobrevivir.

¿Y cómo se hace eso? Os seré franco, no existe ninguna regla de oro ni técnica infalible o yo no la conozco. Si ya es difícil que la comunidad de vecinos se ponga de acuerdo en el pago de las remodelaciones X, imaginaos cuando lo que está en juego es el propio pellejo. La única solución que yo veo es intentar acordar las decisiones que se tomen, aunque esto no es garantía de supervivencia.

Pero centrémonos en el aspecto positivo del asunto, el potencial humano. En la comunidad existirán una pluralidad de personas, cada una con sus conocimientos, recursos o capacidades, que pueden ser iguales a los de otros o diferentes. Esto aporta una gran diversidad de opciones, lo que no garantiza la supervivencia de la comunidad, pero si aumenta notablemente las posibilidades.

Lo primero a realizar, una vez escogidos entre todos la forma de gestionar la situación, sería repartir los trabajos o faenas a realizar en función de las capacidades o circunstancias de cada uno.

Así cada uno debiera ocuparse de hacer aquéllas tareas para las que esté mejor preparado y/o motivado, no descuidando, obviamente, el realizar también aquéllas que no quiere realizar nadie y que son las que suelen causar problemas, tanto directos por no realizarlas como indirectos por la forma de realizarlas (siempre las realicen los mismos mientras que otros se escaqueen).

Dicha repartición se debería realizar de la forma más equilibrada posible, a poder ser por aceptación voluntaria de quien ha de realizarla en vez de por imposición y repartiendo aquellas más duras entre todos.

Todo esto resulta mucho más fácil decirlo que realizarlo, pero por el bien común, debe intentarse.

Medidas a tomar

Si en los dos artículos anteriores nos centrábamos en, por así decirlo, las tácticas a nivel individual, centrándonos en la unidad familiar o comunitaria que ocupaba cada inmueble, lo cierto es que éstas pueden ser directamente aplicables al conjunto del edificio.

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Así las medidas a tomar serían las mismas que se tomarían a nivel individual, pero a una escala mayor, todo el edificio, y se pueden resumir en asegurar, disimular y resistir.

Para evitar la entrada, tanto de caminantes como de merodeadores, es tan importante poseer unas buenas protecciones que aseguren la infranqueabilidad del edificio como llevar una convivencia lo más discreta posible. Esto último evitará atraer la atención hacia nuestra comunidad, mientras que lo primero evitará, en caso de atraer la atención, que la amenaza pueda llegar hasta nosotros.

Pero seamos sensatos, ninguna fortaleza es inexpugnable, así que es mejor prevenir que lamentar.

Para ello, aseguraremos todos los accesos que el edificio tenga con el exterior, tanto puertas (del edificio, del garaje comunitario, etc.) como ventanas u otros posibles accesos (muros bajos, cercas, etc.) de la mejor manera que podamos con los materiales de los que dispongamos. De poder ser, interpondremos algún tipo de obstáculo físico que impida acceder a los pisos superiores, los que habitaremos abandonando los inferiores, y dispondremos de personas realizando guardias las 24 horas del día, que deberán estar comunicadas con un centro de alarmas, ocupado también 24 horas al día, que se encargará de gestionar las alarmas que se generen (comunicándolas a los demás ocupantes, tomando las medidas oportunas, etc.).

Las guardias deberían rotarse lo máximo que sea posible, tanto para evitar la fatiga y falta de atención de quien la realiza como para involucrar a todos, y que así de paso tomen consciencia, en la seguridad del edificio. Como mínimo debería haber un guardia atento que vigilara cada una de las fachadas del edificio más uno por cada acceso principal. Y olvidaos del efecto disuasorio; mejor que los guardias vigilen desde donde puedan ver pero sin ser vistos.

Una vez adoptadas estas medidas de seguridad, se dispondrá a adoptar otras consistentes en disimular al máximo que el edificio está habitado. Para ello se forraran las ventanas y puertas exteriores, disponiendo asimismo de rafias u otras redes o impedimentos que no permitan ver el interior pero sí, en la medida de lo posible, de ver el exterior. Se tendrá mucho cuidado con la generación de ruidos, luces, humos u olores delatores, llegando a prohibir la utilización de determinados útiles si no es en localizaciones o en horarios preestablecidos que dificulten o eviten que sean detectados.

Para realizar todas estas tareas prioritarias se requerirá de material que es posible que no se disponga y que tenga que ser obtenido por cesión de algún vecino previsor, que lo haya almacenado, en detrimento de la seguridad de su propia vivienda (nota mental: como la seguridad del edificio es prioritaria frente a la de las viviendas individuales, si se almacena material, mirar de almacenarlo en cantidades suficientes para ambos cometidos).

Una vez asegurado el edificio mediante estas tareas prioritarias (construcción de barreras, elementos de camuflaje/disimulo y vigilancia), se procederá a realizar otras secundarias pero no menos importantes y que consistirán en establecer unas normas básicas de convivencia que determinen, entre otros, aspectos como la utilización comunitaria de los espacios y recursos, la ubicación de las zonas de letrinas o de almacenamiento/eliminación de residuos, establecimiento de planes y rutas de escape y evacuación, cuidado y educación de los menores, realización de actividades de animación, construcción y cuidado de huertos, establecimiento de comunicaciones con el exterior, recolección de agua de lluvia, etc.

Como se aprecia, trabajo no va a faltar.

Y el trabajo mejor realizado es aquél que se realiza con previsión, así que ya sabéis que tema os toca tratar en la próxima reunión de vecinos.

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Suerte amig@s.

Fuente de las imágenes

Imagen 1: taringa.net

Imagen 2: zombiecommand.com

Imagen 3: taringa.net (aunque pertenece a la Guía de supervivencia zombie de Max Brooks).

Imagen 4: elnortedecastilla.es


3 Comments on “Cómo sobrevivir en un piso (3)”

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  1. sedz says:

    Un elemento primordial en un grupo (sea para lo que sea) es determinar un lider, en estos casos (supervivencia) sera uno elegido por la mayoria, este lider no sera un dictador, en casos de emergencia tendra la maxima autoridad, pero en situaciones normales sera mas el que cuenta los votos.
    Otra cosa es que los aucerdos sean firmados por todos, y tengan alguna sentencia (ejemplo: todas las herramientas son de todos, el dueño original tiene prioridad, pero hay prioridad sobre el por el bien común en caso de hacerlo no se negara un día de alimento), con esto no hay excusa de “yo no sabia…” o “no estoy de acuerdo”, pues se supone que aceptaron y leyeron.

  2. Pelos says:

    El tema de los líderes es un tema delicado…somos seres sociales y como tales, seguimos o delegamos nuestras decisiones sobre personas que creemos capaces de tomar las más acertadas en base a su experiencia, conocimientos, preparación, etc.

    Pero por otra parte no nos gusta que nos digan lo que tenemos que hacer.

    Por no mencionar el abuso de poder que ciertos líderes podrían cometer.

    Un bonito cócktel explosivo que puede desencadenar funestas consecuencias en el momento menos apropiado.

    Y sobre compartir …el ser humano tiende a querer compartir lo que no es suyo o no tiene y a reservarse para él mismo lo que considera suyo y tiene.

    No pretendo ser pesimista, solo mencionar algunas de las dificultades con las que nos encontraríamos en caso de establecerse jerarquías o sistemas de usufructo común.

  3. sedz says:

    Lo se, dejar las cosas de: el dueño dice quien las usa, causaria muchos problemas, pero siendo el dueño el que cuenta con prioridad de uso, en teoria estaria mas feliz, se permite la cooperacion, y con suerte no habra pleitos.
    En cuanto a los lideres, ese es otro tema, sin un jefe en momentos de crisis cada quien hara lo mejor para si, en lugar de cooperar con otros

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