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Aprovechando que hace justo pocos días se ha acabado el verano, voy a hablar de un artilugio que va a ser de mucha utilidad para mantener vuestros productos refrigerados en un mundo postapocalíptico sin electricidad.

Más simple que el mecanismo de un botijo. Con esta expresión el refranero popular viene a referirse metafóricamente a un artilugio muy sencillo que funciona correctamente. Pero referido a nuestra nevera de los pobres, pot-in-pot o zeer, como también se la conoce, toma una dimensión que va más allá de mostrar la sabiduría recogida en el refranero popular ya que en este caso su mecanismo de funcionamiento es exactamente el mismo.

Refrigeración por evotranspiración

La sudoración es uno de los mecanismos de regulación térmica con los que consta nuestro cuerpo. ¿Qué tiene que ver la sudoración con el funcionamiento del botijo o del pot-in-pot? Pues que todos producen la refrigeración mediante el proceso conocido como evotranspiración y que consiste en la pérdida de humedad de una superficie por evaporación y que comporta, como resultado secundario, en la disminución de la temperatura de dicha superficie. A este fenómeno también se le denomina como refrigeración por evaporación.

Esquema funcionamiento

Nosotros sudamos cuando tenemos calor porque con la evaporación del sudor nuestro cuerpo se mantiene fresco (no aumenta su temperatura). En el botijo, la evaporación de la humedad que es absorbida por sus paredes porosas, humedad que proviene de la propia agua que contiene, consigue que ésta se mantenga fresca. Pues de igual modo el pot-in-pot consigue mantener fresco sin necesidad de suministro energético los productos que en su interior coloquemos.

Construcción

La invención del pot-in-pot (olla dentro de olla traduciendo literalmente) se le reconoce al nigeriano Mohammed Bah Abba quien ganó por ello el premio Rolex en el año 2000. Si bien la tecnología ya existía con anterioridad, fue él quien la aplicó para solucionar el problema de cómo poder mantener refrigerados productos perecederos sin electricidad. De esta forma, y según citan diversas fuentes, es posible que productos que de otra forma se estropearían en menos de tres días se puedan mantener en buen estado hasta 3 semanas.

Mohamed Bah Abba

Para construir nuestra nevera de los pobres solo necesitamos dos vasijas de arcilla o terracota (en algunas fuentes también se menciona porcelana) sin esmalte (para que así las paredes porosas de las mismas puedan absorber el agua), un poco de arena fina, un trapo y agua para su funcionamiento.
Una de las vasijas ha de ser bastante más grande que la otra ya que ha de contener a la más pequeña dejando un espacio vacío entre ellas de 1 a 3 centímetros, que rellenaremos con la arena. De esta forma la vasija grande contendrá la vasija pequeña separadas por una capa intermedia de arena de 1 a 3 cm de grosor. Finalmente, se tapará con el trapo.

El modo de uso es muy sencillo: se “riega” la arena, se colocan los productos a conservar en el interior y se tapa todo el conjunto con el trapo también húmedo. Al evaporarse el agua se absorberá el calor latente de la vasija interior, manteniéndose ésta fresca mientras dure la evaporación, motivo por el cual es necesario mantener siempre húmeda la tierra y el trapo, lo que requerirá aproximadamente, en función de la climatología del lugar en donde se utilice, una o dos regadas al día (no regar el trapo, sino humedecerlo o cambiarlo por otro ya húmedo).

construcción y modo de empleo

El funcionamiento óptimo se consigue en ambientes secos, ya que permiten la correcta evaporación del agua, pero pueden obtenerse muy buenos resultados en ambientes con una humedad relativa moderada. Por contra, en ambientes húmedos no funciona correctamente (por los motivos anteriormente expuestos). También es aconsejable colocar el zeer a la sombra, para evitar de esta forma el calentamiento por el sol, lo que sería contraproducente para nuestros fines.

Hasta aquí la teoría. Ahora pasemos a la práctica.

Construcción y resultados experimentales

Lo primero de todo es conseguir los elementos básicos de los que se compone este refrigerador: dos vasijas de arcilla, arena fina y un trapo.

Yo como vasijas utilicé dos tiestos de diferentes tamaños, por lo que primeramente tuve que tapar el agujero de drenaje de ambos, en el grande para evitar que la arena y agua saliese de él y en pequeño precisamente para evitar lo contrario, que agua y arena penetrasen dentro de él y entraran en contacto con los productos almacenados. La verdad es que no me lo curré mucho, un trozo de plástico plano para el grande y un tapón de papel de plata, que a la larga resultó insuficiente, para el pequeño.

La siguiente operación consistió en realizar el montaje, poniendo un poco de arena dentro del tiesto grande, colocando posteriormente el pequeño encima de esta base de arena y, con sumo cuidado, acabando de rellenar con arena el espacio intermedio que quedaba. Para ello me fue de mucha utilidad un palo que utilicé para ir distribuyendo la arena que iba vertiendo con sumo cuidado para que no entrara dentro del tiesto pequeño, el cual llegue a tapar para evitar que esto ocurriera.

Aunque sencilla, la operación de montaje precisa de mayor pericia de la que en un principio podría parecer, no resultando tan sencilla como parecía y requiriendo, en mi caso, de varios intentos con diferentes metodologías para conseguir finalmente realizarla satisfactoriamente. Para que os la ahorréis, el verter toda la arena dentro del tiesto grande para luego intentar acomodar el pequeño haciendo presión hacia abajo mediante movimientos giratorios, aunque con resultados asombrosos al principio, enseguida demostró que requería de un gran esfuerzo y que, aparte de no poder completarse satisfactoriamente, comportaba la aparición de nuevas complicaciones, tales como que saltasen los tapones que previamente había colocado para condenar los agujeros de drenaje de los tiestos. Así que no queda más que paciencia, ir poco a poco y con buena letra.

Una vez montada, y colocando un plato para recoger el posible líquido que se pudiese verter, procedí a humedecer la arena, para lo que necesité unos 800 cc de agua. Mientras la iba vertiendo, las paredes de los tiestos, tanto del interior como del exterior, se iban humedeciendo. Como había taponado el agujero de drenaje del tiesto interior con un material de fortuna, y tal como había adelantado antes, no siendo suficiente éste, el agua acabó penetrando en su interior, algo por otra parte fácil de solucionar con un trapo, que así por otra parte ya humedecí y pude utilizar como tapa.

Teniéndola colocada en el balcón exterior en un lugar a la sombra y necesitando para su mantenimiento apenas 400 cc de agua al día, conseguí una diferencia máxima de temperatura entre el exterior y el interior de 12º C (34º C exterior, 22º C interior) y una diferencia mínima de temperatura, durante el día, de 10º C (durante la noche la diferencia mínima era más reducida, de entre 6 a 8 º C).

Lo cierto es que esta diferencia de temperatura me pareció un poco insuficiente y la achaqué a que no había construido la nevera dejando suficiente espacio intermedio entre los dos tiestos. Pero tras comprobar que no era así, ya que existía una distancia media de 2’7 cm, y sobre todo tras contrastar mis resultados experimentales con las de otras fuentes, en las que se citan diferencias de temperatura de hasta 14º C, comprendí que se encontraba dentro de los resultados que cabría esperar.

Lamentablemente no pude realizar la prueba práctica con productos perecederos, comparando su estado de conservación al estar dentro de la nevera o fuera de ésta, por lo que no puedo aportar datos sobre ello. Tampoco probé otras variaciones interesantes como podrían ser regar la nevera con agua fresca, introducir en el interior algo de hielo o aumentar el espacio de separación entre ambos recipientes, los cuáles sin duda nos hubiesen aportado datos significativos sobre su funcionamiento y rendimiento.

Obviamente 12º de diferencia no es un resultado espectacular y quizás disponer de un recipiente para conservar productos perecederos a 22º C no sea la panacea, pero creo que puede marcar una diferencia en cuanto a la conservación de ciertos suministros vitales para nosotros como podrían ser alimentos frescos o medicamentos.

Y, en todo caso, nunca está de más conocer esta técnica para tenerla como recurso para sobrevivir en el mundo post-apocalíptico zombie.

Fuente de las imágenes

Las imágenes que acompañan este artículo han sido extraídas del artículo de Renderas News sobre el pot-in-pot, excepto la del esquema de funcionamiento, que es una traducción del esquema original de Peter Rinker que aparece en en.wikipedia.org y el retrato del inventor, Mohamed Bah Abba, que he tomado prestado del artículo publicado en tecmundo.com, artículo en el que se muestra de forma muy gráfica la construcción del pot-in-pot.

Pido disculpas por no acompañar el artículo con ninguna de las fotos que hice durante el proceso de montaje de mi propia nevera de los pobres, ya que he sido tan zoquete como para extraviarlas.

Por si queréis ampliar información sobre Mohamed Bah Abba, aquí os enlazo este interesante artículo en pdf sobre él y su invento.


One Comment on “La nevera de los pobres (Pot-in-Pot)”

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  1. Javier says:

    Muy interesante el invento.

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