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Disoluciones desinfectantes caseras

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Aprovechando el auge de trucos y utilidades caseras para hacer frente al COVID-19, rescato esta valiosa información, por si puede sernos de utilidad tanto en esta crisis como en el caso de un Apocalipsis Zombie.

Destacar en primer lugar que esta información no viene de una fuente oficial, pero teniendo en cuenta mis antiguos conocimientos de química, no en vano le dediqué varios años a su estudio reglado, y después de verificarlo por varias fuentes, lo doy como información veraz.

Básicamente vamos a hacer disoluciones de tres productos domésticos que normalmente tenemos a nuestro alcance: lejía, agua oxigenada y alcohol etílico.

Para realizar estas disoluciones necesitaremos:

– Un recipiente donde realizarla, puede ser el mismo que luego se utilice para aplicarla, de volumen conocido.

– Agua destilada o en su defecto agua previamente hervida (para matar los microorganismos que en ella pudiesen vivir) y que habremos dejado enfriar hasta temperatura ambiente.

– Lejía doméstica sin detergente (la misma que utilizaríamos para potabilizar el agua) con una concentración de 4-5%.

– Alcohol etílico de 96º y 99’9% pureza, del que normalmente se utiliza como antiséptico para piel sana.

– Agua oxigenada (concentración del 3% o 10 volúmenes).

– Varias jeringas de diferente capacidad (3, 5, 20 ml) y/o que dispongan de una escala graduada para medir diferentes volúmenes (en su defecto se pueden utilizar otros utensilios de volumen conocido o graduados con una escala).

Aclarar que estas disoluciones son muy bastas, no siendo necesario una precisión absoluta en la medida de las cantidades que se utilizan (no se trata de preparar una disolución para valorizar otras en análisis químicos), pero sí realizándolas, si por el material que disponemos no nos es posible hacerlo con mayor exactitud, lo más aproximadamente posible a las proporciones que indicamos. A este respecto os recuerdo que tod@s en nuestras casas disponemos de cucharillas de postre (equivalen a unos 3 ml), cucharas soperas (equivalen a unos 15 ml) y diferentes envases de los que conocemos su volumen, principalmente botellas cuyo volumen viene expresado normalmente en cl (1 cl =10 ml), aunque dependiendo del lugar del mundo en el que os encontréis puede estar expresado en unidades de medida anglosajonas u otras (tendréis que buscar las equivalencias y hacer los cálculos pertinentes).

Bueno, ya sin más dilación, pasemos al meollo del asunto.

Disoluciones de lejía

Con las disoluciones de lejía para desinfectar es con las que más disparidad de concentraciones he encontrado, mencionándose desde el 0’1% al 1%, pasando por el 0’5% (5000 ppm) que finalmente he tomado como valor válido por ser el que más veces he encontrado referenciado y porque es el valor que figura en varios documentos de recomendaciones de la OMS sobre el conoravirus.

Para preparar esta disolución deberemos diluir lejía doméstica sin detergente (la misma que utilizaríamos para potabilizar el agua), que tiene una concentración de entre 4-5% (40-50 g/l de Cloro libre), en proporción 1:9, es decir, 1 medida de lejía doméstica más 9 medidas de agua destilada o hervida (fría):

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[* exactamente son 93’75 ml, pero se ha redondeado para facilitar la medida]

El tiempo durante el cual una disolución desinfectante es efectiva se conoce como tiempo o periodo de inactivación. Así, para esta disolución casera de lejía, si el envase que la contiene es transparente, la disolución desinfectante será efectiva durante las 6-8 horas siguientes. Si el envase es opaco, será efectiva hasta unas 24 horas después de su preparación.

Sirve para desinfectar cualquier superficie o zona, pero hay que tener cuidado cuando se aplique sobre tejidos o superficies textiles ya que puede estropearlos, decolorándolos y/o degradándolos.

Una vez aplicada debe dejarse actuar durante unos minutos. De necesitar aclarado, como por ejemplo en los útiles de cocina y/o destinados para comer, hacerlo con agua destilada o hervida en su defecto.

La forma de prepararla es:

1) Enjuagar con un poco de agua destilada o hervida el recipiente que vamos a utilizar para preparar la disolución, cuyo volumen conocemos, y que puede ser el mismo que luego vamos a utilizar para aplicarla (por ejemplo, en el caso de un pulverizador, en el depósito del mismo). Verter una parte de la cantidad de agua destilada o hervida, aprox.1/3 volumen, necesaria para preparar la disolución. Es muy importante que el agua hervida esté enfriada a temperatura ambiente o se producirá desprendimiento de cloro al añadir la lejía.

2) Verter la cantidad de lejía pertinente en el recipiente, medida de la forma más precisa posible con los utensilios de los que dispongamos. A poder ser la lejía no la cogeremos directamente de su recipiente, en el caso de utilizar jeringas o pipetas, sino que lo haremos de un recipiente al que previamente habremos enjuagado con un poco de lejía y en el que después habremos vertido una pequeña cantidad (así evitamos contaminaciones).

3) Taparemos el envase, para evitar salpicaduras o vertidos, y moveremos o agitaremos para homogeneizar la disolución.

4) Verteremos agua destilada o hervida hasta completar el volumen deseado, teniendo cuidado de no producir salpicaduras o vertidos, taparemos el envase y lo moveremos o agitaremos para homogeneizar la disolución.

Disoluciones de alcohol etílico

En este caso también hay disparidad de concentraciones según la fuente que consultemos, variando del 62-71%. En este caso también la OMS recoge que la concentración indicada es del 70%, por lo que nosotros tomaremos este valor para preparar nuestras disoluciones.

Así, partiendo del alcohol etílico de uso doméstico (96º y 99’9% pureza), la dilución a realizar es de 7 medidas de alcohol etílico más 3 medidas de agua destilada o hervida (fría), con lo que obtendremos una disolución del 67’2%, o bien utilizar las siguientes medidas para obtener la de 70%:

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Para prepararla se pueden seguir los pasos anteriores, pero añadiendo alcohol etílico en vez de lejía.

Esta disolución desinfectante casera presenta la ventaja, frente a la preparada con lejía, que no tiene un tiempo de inactivación, por lo que puede ser utilizada hasta que se agote. Es especialmente indicada para limpiar utensilios y pudiéndola aplicar también tópicamente, dejándola actuar en ambos casos hasta que se evapore (no requiere aclarado).

Precisamente el hecho de diluir el alcohol responde a la necesidad de que éste no se evapore antes de haber acabado con los microorganismos que queremos eliminar.

Disoluciones de agua oxigenada

Como no podía ser de otra manera, aquí también hay disparidad de concentraciones, que abarcan del 0’1 al 3%, y con adición o no de vinagre (ácido acético). Sin tener una fuente oficial, he optado por considerar la de 0’5% (y sin adición de vinagre) como la válida al ser la que más veces he encontrado referenciada.

El agua oxigenada doméstica suele ser de una concentración del 3% o 10 volúmenes (10 vol.), viniendo indicado en el envase de la misma (es el habitual en el agua oxigenada de uso doméstico), teniendo que realizar una dilución de 1 medida de agua oxigenada más 5 medidas de agua destilada o hervida fría, siendo las cantidades necesarias para preparar los diferentes volúmenes (redondeando para facilitar su medida):

04 disoluciones H2O2

En el caso de otras concentraciones, se ha de aplicar el volumen inversamente proporcional a la relación de sus concentraciones (si se utiliza un agua oxigenada de 6% o 20 vol, debería utilizarse la mitad de las cantidades indicadas). Es mejor utilizar un envase recién abierto o que lo haya sido hace poco, ya que el agua oxigenada se va descomponiendo en agua y oxígeno (que se desprende).

La forma de prepararla es similar a las anteriores, pero añadiendo oxigenada y teniendo igualmente la precaución, en el caso de utilizar agua hervida, de haberla dejado enfriar hasta temperatura ambiente.

Esta disolución desinfectante casera presenta la ventaja, frente a la preparada con lejía, que tiene un tiempo de inactivación muy elevado, pudiéndose utilizar hasta que se agote y solo desechándola, por precaución, si queda poca cantidad (≤1/4 del volumen preparado) o si hace mucho tiempo que se preparó (≥ 3 meses).

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