El profesor de la Universidad de Harvard, Steven C. Schlozman, publicó hace tiempo un artículo en el que enumera las afecciones que sufrirían los supuestos muertos vivientes.

Muchos medios ya hicieron eco de esta notícia este agosto, pero como he encontrado el vídeo de la conferéncia en la que habló de este artículo y una entrevista hecha por la gente de Woke Up Dead, he preferido hablar de ello ahora.

El doctor, con unos amigos
El doctor Schlozman, con unos amigos. Foto: Woke Up Dead

También he encontrado varias explicaciones del artículo, pero ésta publicada en Futuro Finito es bastante explicativa.

El supuesto foco de infección (bien sea virus, bacteria, radioactividad, etc.) crearía lo que el doctor ha bautizado como ANSD (Síndrome atáxico neurodegenerativo de deficiencia de la saciedad). Los afectados por ANSD serían los zombis que atravesarían las calles hasta ser decapitados acabando con todas sus funciones neuronales, igual que en la ficción. Según el doctor la forma más segura de acabar con sus ‘vidas’ es decapitándoles o disparándoles a la cabeza, lo que hace pensar que el corazón no es demasiado importante en estos seres.

La enfermedad atacaría al cerebelo y a los ganglios basales acabando con la coordinación del contagiado. Observaríamos los tropiezos, temblores y el arrastrar de sus miembros para distinguir a un infectado de otros humanos sanos.

El ANSD afectaría directamente al lóbulo frontal inhibiendo su capacidad resolutiva, es decir, impidiéndoles, por ejemplo, abrir puertas o ventanas de otra manera que no sea a golpes. Las únicas instrucciones que llegan al lóbulo frontal del zombi provendrían de los estímulos sensoriales que recoge el tálamo y no realizarían un posterior análisis de estos estímulos. El zombi tendría una significativa reducción de actividad en el córtex del lóbulo frontal, lo que le derivaría a ser tan insistente y poco solvente frente los problemas.

La amígdala cerebral ha sido estudiada en diferentes animales induciendo lesiones que mermaron su agresividad y sus reacciones. Cuando hay una situación de tensión o proclive a la agresividad la amígdala cerebral se comunica con el lóbulo frontal mediante la corteza cingulada anterior. El fallo en el lóbulo frontal haría que la corteza cingulada anterior trabajase de manera defectuosa y no controlase adecuadamente las reacciones y modulase la agresividad. Los aquejados serían terriblemente violentos al no existir ningún freno cerebral.

Zombies en SitgesSitges Zombie Walk, por Rumikel

Los zombis sufrirían hiperfagia (carencia de saciedad al alimento). La razón de tanta gula es un daño en el hipotálamo ventromedial generado por el ANSD.

El último síntoma que relata el doctor resuelve la carencia de sentimientos de los zombis. La empatía entre seres se encuentra en las llamadas neuronas espejo. Un daño en estas neuronas acabaría con las expresiones de tristeza, alegría, miedo, etc.

Tras el estudio, el Doctor Schlozman expresó “Aun pienso que los zombis son personajes ficticios, aunque ya no estoy tan seguro”.

Vídeo


3 Comments on “El cerebro de un zombi”

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  1. Kim says:

    Hombre, por fin alguien que habla con fundamento. ¿Por cierto, de qué color seria el lazito solidario contra el ANSD?

  2. Walt312 says:

    WOW, que bueno jajajaja…
    interesante…

  3. lulu mendia says:

    EXTRAORDINARIO 😀 ME ENCANTA XD

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