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Autor: The Narrator

Las colinas tienen ojos

Poster original

La irrupción de Wes Craven en el panorama audiovisual fue con la brutal y no del todo ponderada “La última casa a la izquierda”, y como buen debut de género en los 70 se trata de un título con actores desconocidos y un presupuesto bastante reducido
-de ahí que las ideas y la puesta en escena cobren tanta relevancia- pero con un impacto visual y formal tan contundente que todavía permanece en la retina de aquellos privilegiados que en 1974 decidieron comprar una entrada para verla in situ.

La noche de Halloween

Halloween, de John Carpenter

Cuando los años pasan y tus películas no sólo permanecen indemnes a dicho paso del tiempo, sino que nuevos directores tras visionarlas deciden rehacerlas para una nueva hornada de jóvenes ávidos de fuertes emociones es que ya eres un todo clásico. Y clásicos en el mundo del terror no hay tantos, alumnos muchos, pero maestros pocos. John Carpenter (1948), que posteriormente se decantaría por productos más fantásticos que terroríficos, como “Starman” o “Están vivos”, no sólo es un mito sino que además creó otro mito: Michael Myers, el sujeto que ahora nos ocupa.

Posesión infernal

Posesión Infernal

Trailer de la película

Posesión infernal es algo más que la “última experiencia en horror puro” como reza el slogan promocional. Su capacidad para reinventar el género, el impacto visual de sus imágenes y la concepción moderna del zombi -ya que mezcla a la perfección la posesión demoníaca con el mito del muerto viviente construyendo de esta manera criaturas violentas y primarias, pero con instintos no carnívoros-, la han convertido en obra fundamental de nuestro tiempo. Raimi, que posteriormente abrazaría el blockbuster veraniego en pos de unos inicios dignos de un maestro artesano, sabe crear tensión con los pocos elementos que tiene a su alcance, usando solamente sonidos y voces en off, amén de una planificación barroca, planos inclinados, zooms, travellings y situaciones que en un principio no producirían terror y lo hace moviendo la cámara desplazándola a ras de suelo, dando múltiples planos de vista y encuadres imposibles.

Zombi (Dawn of the dead)

Dawn of the dead

Tras fallidas películas fuera del géneros terroríficos como “There’s Always Vanilla” o “Jack’s Wife”, George A. Romero recuperó lo mejor de sí mismo para ofrecernos la segunda parte de la serie de zombis iniciada en 1968 con “La noche de los muertos vivientes”. Para ello tuvo que recurrir a Europa y en concreto al director italiano y maestro del giallo Darío Argento que la financió, a cambió de la explotación cinematográfica de ésta en Europa, amén de meter mano en el guión y montaje final.

La matanza de Texas

Poster original de La Matanza de Texas

La sorprendente irrupción de Romero en el panorama audiovisual no sólo le creó una meritoria fama que aun arrastra sino que sirvió como piedra de toque de numerosos nuevos cineastas que bebiendo de sus fuentes dieron el gran salto.

Las óperas primas de futuros artesanos del género como John Carpenter, Wes Craven y Tobe Hooper siguen ese patrón de cine casi sucio, granuloso, semi documental, alejado del cartón piedra, efectivo y efectista, implacable y bizarro, horror sanguinolento, grotesca farsa macabra, pura poesía en movimiento, cine visceral hecho desde las entrañas y con los escasos medios tanto económicos como técnicos existentes en los 70 para un novel sin nombre.

Tobe Hooper fue el primero en despuntar –luego lamentablemente se perdería en proyectos más ambiciosos para los que no estaba capacitado hasta llegar al actual olvido- con el icono por excelencia del cine de terror contemporáneo, la inigualable y luego repetida hasta la saciedad figura del “psycho killer”, que cubierto con la máscara de turno –sin duda mi favorita es la de hockey hielo de Jason Voorhes- y con el arma asesina de turno en ristre no dejaba adolescente con cabeza. Casi sin pretenderlo, en los fotogramas que el director realizó puede perfilarse el embrión de un filón que daría durante los siguientes años millones y millones de dólares a la industria a través de seudo imitaciones, plagios, copias… -la mayoría directas a vídeo- y que vino a llamarse “splatter”, que no es más que el subgénero más bestial del gore. Por méritos propios “La matanza de Texas” se ha convertido en todo un clásico moderno.