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Latidos cercanos…

Era una fria mañana de noviembre. El eco de sus pasos resonaban a lo largo del callejón mientras se dirigía al lugar de reunión. Hacia mucho tiempo que no se veían las caras, y la ocasión era lo suficientemente especial como para hacer que se sintiese algo nervioso.

Niebla


¿Qué iba a suceder una vez estuviesen cara a cara? ¿Habrían cambiado las cosas?

Al entrar en el local vió al fondo de la barra la silueta inconfundible de su amigo, tomando un café con leche y hojeando con aparente distracción un periódico deportivo.

– Ha pasado mucho tiempo, tio…
– Si, demasiado…
– ¿Qué ha sido de tu vida en los últimos meses?
– Como siempre, atareado.
– Ya, qué me vas a contar – respondió arqueando una ceja.

Se miraron durante unos instantes, después pidió al camarero una cerveza y se sentó en frente suyo.

– Las cosas han cambiado en parte… pero no podemos olvidar el proyecto que tenemos entre manos. Ha habido movimientos en los últimos días, y me temo que la cosa pueda ir a peor.

Su interlocutor levantó la cabeza de su café con leche. Tenia ojeras, probablemente llevaba varios días durmiendo poco.

– Si, yo también lo he estado notando. Eso significa que hay que ponerse manos a la obra, ¿no?
– Si, alguien tiene que estar alerta, dar el primer aviso, preparar a la gente, analizar y seguir la situación… y la verdad, ya me estaba empezando a anquilosar.
– Cierto, es hora de ponerse en marcha…

Continuará…

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